24 mayo 2020

PENYAGOLOSA

Cómo explicar la sensación de libertad cuando llegas a la cima del Penyagolosa (1813 m) y contemplas a tu alrededor el paisaje que lo envuelve. Esta montaña es muy transitada por los montañeros por diversos motivos y aunque el Cerro Calderón (Javalambre) supere su cota, muchos consideran el Penyagolosa el techo de la Comunidad Valenciana. Penyagolosa quiere decir montaña colosal, pero también montaña acuosa o peña aguilosa. En los días claros se avista el Delta del Ebro, el cabo de San Antonio (Alicante) o las Islas Baleares. Pertence a la comarca del Maestrat (Castellón) en Vistabella del Maestrazgo.


Esta senda la realizamos con punto de inicio en el santuario de San Juan de Penyagolosa. Tomamos la senda botánica que conduce al Barranco de la Pegunta coincidente con la ruta roja del Parque Natural del Penyagolosa. Durante el trayecto se van encontrando paneles informativos de la biodiversidad que compone esta zona del Parque Natural.
En un punto del recorrido nos encontramos con la Font Nova de la Pegunta, un lugar ideal para hacer una parada y tomar algunas fotos. Un poco más adelante nos topamos con una bifurcación donde ambos caminos llevan al Pla del Corralico que es donde debemos llegar. Nosotros tomamos la opción de la Banyadera. Todo este itinerario por el Barranco de la Pegunta es perfecto para los más pequeños. Es posible realizar también la ruta a la cima del Peñagolosa con niños pero siempre con precaución por el riesgo de caídas y valorando las capacidades de cada uno.

Desde El Corralico, seguimos la Senda del Pic, una senda en zig zag que nos llevará hasta la cumbre. Toda la ruta está muy bien indicada. Llegamos a otro punto de parada, la Caseta de l'Ombria. Desde este punto las vistas son espectaculares y comienzas a sentir el aroma de que la cima está cada vez más cerca. Por esta zona, nos cruzamos con unos papás y su bebé con tan solo un mes de edad. Bravo por los tres. Cada uno valora sus posibilidades😄.


Y tras unos cuantos pasos más con esfuerzo y disfrute... Llegamos a nuestro objetivo, la cima del Penyagolosa, donde se encuentra la caseta de vigilancia, el vértice geodésico y 360 º de vistas. Es un lugar maravilloso desde donde contemplar la amplitud de la naturaleza y respirar aire puro. Solo indicar que para los que no lleven muy bien lo de las alturas, no os asoméis demasiado, hay una caída importante 😉.




Uno de los espolones del Penyagolosa y en medio la ruta de la Canal por donde se puede ascender también.




La vuelta la hicimos por la senda de la Cambreta, todo bajada por una senda cómoda, más larga pero con un paisaje que merece la pena observar, muy frondoso en cuanto a pinadas donde poder realizar en algún rincón algunas fotos que inmortalicen el recorrido.

Esta ruta la realizamos sin niños. Consideramos que no tiene especial dificultad para nosotros pero para ellos sí, en nuestro caso concreto. La recomendamos para familias con niños a partir de 6 - 7 años, aunque como siempre decimos y bien hemos indicado anteriormente, cada uno que valore las posibilidades y capacidades de que dispone.




UN HUÉSPED SIN FIN

Vuelvo a escuchar un ronroneo en las calles de mi barrio. Todo el silencio que cubría de verde las aceras que antaño fueron campos de cultivo, vuelve a emitir susurros en clave de sol contribuyendo a un compás con tiempos diversos. Siguiendo los pasos de quienes fueron pasto de lucha, todo recuerdo queda esculpido en los corazones de muchos y grabado en las mentes de los otros.
La noción del tiempo se vuelve abstracta y la resignación de los impulsos carece de límite. Desaparece la sombra del huésped, pero no su esencia quien condiciona los largos abrazos. Todo dictamen en este instante va seguido de la duda.
Haciendo frente a una realidad que nos acontece y no perdiendo la voluntad ni el afán de superación... Uno para todos y todos para uno.

10 mayo 2020

FARO DE SAN VICENTE (SAGRES (PORTUGAL))



Cuando la brisa del mar dejaba restos de sal en los ojos...

Fue algo bastante improvisado. Por aquel entonces teníamos más cerquita Portugal y aprovechamos para viajar a un lugar donde reina la tranquilidad y donde existe un entorno de paisaje casi inexplorado. Se trata de Sagres localizado en el extremo oeste del Algarve donde se encuentra el Faro de San Vicente. Un lugar con historia y con una belleza especial.

Soñamos unos instantes con encuentros entre marineros y sirenas.

Los acantilados son impresionantes, no recordábamos haber visto algo similar.



Atravesando la A-22, una autopista con infinitos peajes donde lo peculiar es que, después de parar en una especie de área de servicio, ya puedes continuar el viaje sin parar en cada peaje para pagar, directamente se vincula tu tarjeta y tu matrícula, lo que equivaldría a la teletarjeta... Para nosotros eso era novedad 😜

Otra cosa interesante es que casi estábamos solos. Creo que en la época que fuimos estaríamos los que tienen su residencia habitual en este rincón, algunos turistas más y nosotros. No había que hacer cola ni esperas para nada. Aunque lo principal de allí, como bien he indicado al principio, son los acantilados y el paisaje.

También dimos un paseo por la Fortaleza de Sagres desde donde contemplar un amplio angular del Océano Atlántico.

Y lo que tampoco podemos olvidar son los atardeceres que se pueden divisar desde el faro y donde puedes interpretar alguno de los capítulos de algún escritor peculiar, ahí ya lo dejamos a vuestra elección.😉



Por cierto, recordamos a la gente de allí muy amable y sencilla.

A la vuelta, paramos en Faro, un espacio de turismo activo pero con cierto encanto. En esta ciudad decidimos embarcar en una lancha para conocer los tesoros escondidos del océano. Y la palabra que mejor lo describe es impresionante.

Una escapada cortita pero que nos encantó de donde lo esencial quedaba invisible a nuestros ojos...

                                                         


06 mayo 2020

Y COLORÍN COLORADO...

He vuelto a las calles... Donde la pureza del aire había comenzado a reinar, de nuevo las huellas incesantes van quedando sobre el pavimento de las ciudades, de las islas, de las propias biografías.


Las calles plagadas de flora y fauna virgen asoman con incertidumbre sentimientos enredados y cuando cada tarde la rutina acomoda los aplausos todavía presentes por largo tiempo, una parte de la población sigue vigilante ante la insinuación del que fueSe, es y será un hostil al acecho.